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Edwin F. Harvey
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This is a collection of 21 excellent essays, including 3 on the topic of spiritual discernment, which is especially vital in this age of counterfeits and wildfire revivals.

ELLOS CONOCIERON A SU DIOS VOL. 4

$10.95

Ellos Conocieron a Su Dios Vol. 4


INDICE

Philip y Matthew Henry --La Formación de un Comentarista

Freeborn Garrettson --El Santo a Caballo

Catherine Livingston Garrettson --La Gentil Anfitriona

John Evangelist Gossner --El Intrépido Aventurero en Fe y Oración

John Hunt --El Apóstol a Fiji

Elizabeth Prentiss --La Socorrista Sufriente

Lord Radstock --El Señor que fue Siervo

Dr. Frederick Baedeker --Un Hombre Enviado por Dios

Frank Crossley --El Tesorero de Dios

Emily Kerr Crossley --La Socia del Tesorero de Dios

Baronesa von Wrede --El Ángel de las Prisiones

Henrietta Eliza Soltau --Arriesgada en la Fe

 

Prefacio de los Autores

Hemos continuado cumpliendo con lo que creemos ha sido el propósito de Dios al caminar alrededor de Sión espiritual, contando sus baluartes, considerando atentamente sus antemuros, sus palacios y sus torres; y luego en oración y después de mucha investigación bibliográfica, deseamos relatar nuestros propios e interesantes descubrimientos a la siguiente generación. La mayor parte de la Iglesia de hoy se ha alejado tanto del cristianismo bíblico, que muchas personas de las últimas generaciones no conocen a los hombres y mujeres del pasado que conocieron a su Dios de una manera tan íntima, que ejecutaron Sus consejos, cumplieron Sus propósitos, y nos dejaron un legado de valor infinito.

Los personajes principales en los volúmenes Tres y Cuatro fueron escogidos porque en ellos se manifestó un propósito y una influencia divina en sus vidas. Escucharon una voz y la siguieron; batallaron con su naturaleza pecadora, y vieron en la Redención la solución para su pecado; ellos batallaron contra dificultades infranqueables, pero vencieron. Es evidente que tenían un Espíritu morando en ellos que los movió a tener compasión de los que no eran dignos, y les proveyó recursos celestiales para que pudieran amarlos.

El Espíritu Santo que moraba en ellos se movía sobre sus corazones para hacer la voluntad de Dios. ¿Había una tribu pagana sin haber sido evangelizada? ¡El Señor de la cosecha sabía dónde encontrar Su vaso preparado para suplir esa necesidad! ¿Había una tribu que necesitaba la Palabra de Dios en su propia lengua? ¡Él sabía dónde conseguir un traductor! ¿Se trataba de una caminata oprimida por señores egoístas? Él tenía Su libertador. ¿Habían tratado los clérigos de despojar a la Biblia de su inspiración gloriosa? ¡Él conocía hombres, poderosos en las Escrituras que podían restaurarla a su gloria original! ¿Era necesario un intercesor? ¡Él podía susurrar Su trabajo de parto y poner sus gemidos en aquellos que estuvieran dispuestos a pasar por ello!

Los Hechos de los Apóstoles no finalizaron hace dos mil años; los discípulos de Jesús se han movido a través de los siglos en medio de campos maduros listos para la siega. A Dios nunca le han faltado Sus Pedros que vayan a la casa de un Cornelio; Sus Pablos listos para ir a los gentiles; un Esteban preparado para el breve sermón en el que un Saulo de Tarso es levantado con los aguijones el Altísimo; Sus Felipes que estén tan consagrados como para poder alejarse de un avivamiento para ir al desierto a encontrarse con un inquisitivo eunuco etíope. Él todavía tiene sus desconocidos Ananías listos para enfrentar la muerte para ir tras una puerta cerrada donde alguien que ora tiene necesidad de ser iluminado.

El mundo religioso, tan ocupado y lleno de ruido con sus campañas y filantropías planeadas por los mismos hombres, no está consciente de esas silenciosas multitudes que todavía se mueven tras la columna de fuego, que aún son guiadas por el Señor de los Ejércitos para realizar conquistas que no son reconocidas porque aparentemente son pequeñas y silenciosas. No teniendo ojos espirituales para detectar Sus sendas en el mar, ni oídos espirituales para escuchar su silbo apacible y delicado cuando da una queda orden, y sin tener avivado el espíritu para conocer la tierra que todavía debe ser conquistada, tales personas mundanas no tienen la posibilidad de comprender a aquellos siervos de Dios. Como no son reconocidos, estos santos de Dios caminan sin obstáculos completando la tarea que les ha sido asignada por los cielos. Dios los dotó de espinas en la carne y de grietas en sus vasijas terrenales para protegerlos. Él ha permitido que en muchos casos el relato de sus vidas haya sido preservado para nosotros en biografías, diarios y revistas. Oramos mucho para que estas lecturas puedan estimular a los cristianos de nuestros días a buscar una relación cercana con su Dios, para que también ellos puedan cumplir la voluntad de nuestro Padre en este tiempo de tanta necesidad.

Estoy muy agradecida por el fiel trabajo de Edward Cook, Trudy Tait y Joan Henry al hacer posible esta publicación. También tengo una profunda deuda hacia mi amado esposo por el trabajo que realizó en algunos de estos bosquejos, y por el privilegio de haber podido continuar su ministerio para que él, estando muerto, aún pueda hablar.

Lillian G Harvey
Hampton, Tennessee
Julio, 1989


Prólogo del Editor

Ellos conocieron a su Dios volumen Cuatro fue publicado por primer vez en 1989, y habiendo sido reproducido varias veces del original, pensamos en la necesidad de reeditarlo completamente.Mi esposo y yo publicamos ahora esta nueva edición de Ellos conocieron a su Dios, volumen Cuatro con agradecimiento por la bendición que ha significado para tantas personas a través de los años, y oramos para que continúe desafiándonos a todos nosotros a “Conocer a nuestro Dios” de una manera más rica, plena y total.
Trudy & Barry Tait,Hampton, 2004

En el Cielo, en el Reino de Dios, ningún alma es superflua ni es una repetición de otra, sino que cada una, hasta la más pequeña, es necesaria para conformar la plenitud, como todas las cuerdas en armonía. ––Adolph Saphir

Ese grupo de hombres santos sobre sus rodillas
Volcados en vigorosa fe a los pies de Jesús,
El centellante botín de gloria será.
Gracias, entonces, por las multitudes de almas ardientes
Que en atrevido alcance de profética fe,
De buen grado han atravesado las doradas puertas futuras
Y realizado desde allí el sueño de Dios.
Gracias por el incienso de diez mil oraciones
Flotando en el aire en medio de nubes de penitencia.Gracias por las oleadas de apoteósica alabanza,
Que salan con lágrimas su vida sacrificada,
Pero reluciendo como con la infinita sonrisa del mar
Que baña incesantemente las playas de la eternidad.
Y gracias otra vez por las palabras que se vuelven llamas
De suplicantes labios o de almas de granito ardiendo––
El fuego del alba apresurándose hacia el ocaso.
Gracias aún más intensas, homenaje más grande,
Oh Padre, por el asombroso y encendido secreto
De tu cercana presencia, cuando tu amado Hijo,
En todo el esplendor del poder de Su Espíritu,
A través de la larga semana de la fiesta de coronación
Visitando de nuevo los campos de batalla de la fe,
Ante la ávida mirada de la mitad de Su Iglesia,
¡Convoque a la corte real adentro de las murallas de
nuestra ciudad!
–C. A. Fox

Dios nunca se repite a sí mismo. Ninguno de sus pensamientos son exactamente iguales, ninguna de las necesidades es exactamente igual, ninguno de los pecadores va a llegar a Cristo de la misma precisa manera. En lugar de ver hacia las experiencias de otros, busque una para usted mismo.
––D. L. Moody

Author: Edwin F. Harvey

Number of pages: 196

ISBN: 978-9929-8068

Type: paperback

Size: 5.5 x 8.5 inches


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This product was added to our catalog on Thursday 29 December, 2011.